• Autora: Emma Vázquez
  • Categoría: Psicología
  • Fecha: 18/05/2016

La imperfección del otro es el reflejo de mi sombra

La oscuridad sólo existe para quien cree en ella. Es así de fácil. Vemos lo que Creemos no lo que Es. Yo no creo en el mal ni en los demonios ni en los infiernos ni en las conspiraciones ni en cualquier otra excusa que inventemos para no responsabilizarnos de nuestra vida, de nuestra felicidad y de nuestra paz.

¿Que hay situaciones, personas, reacciones, emociones, alimentos, colores, experiencias que no me gustan? Pues claro. Pero mi opinión, cómo yo proyecto, interpreto, no es la Realidad, sólo es un espejo de todo lo que siento Dentro.

Algunos, al nacer, olvidamos que somos ´┐Żngeles en la Tierra. Otros, al recordar, olvidan que son Seres Humanos aprendiendo a caminar. Queremos Regresar a nuestro Hogar cuando nos hemos ido de él voluntariamente para ser vagabundos sin techo, viajantes de la Vida, experimentadores en libertad. No podemos ser más de lo que somos. Por mucho que queramos, no vamos a volar. Admitir, ser consciente de nuestras propias limitaciones no es ser cobarde ni conformarse, es ser honesto, humilde y realista.

Si yo cierro los ojos, ¿qué voy a ver? Oscuridad. Esa oscuridad que tanto se nos aparece fuera es producto de lo que no queremos ver en nuestro interior. Nos da pánico entrar en esos espacios que nos dijeron, que nos Creímos que eran prohibidos, que estaban embrujados y llenos de fantasmas. Nos quedamos en la superficie, en lo que me duele, en lo que me da vértigo, en lo que me da náuseas. pero sólo un poquito. En cuanto nos asomamos más de la cuenta, nos asustamos y echamos a correr.

Psicología

Si yo no soy capaz de verme en mi totalidad, tampoco podré ver, ayudar y guiar al otro, por muchos títulos que tenga, muchas voces celestiales que me hablen y mucho conocimiento que posea. Si me da miedo sentirme, me dará miedo sentir al otro. y si no hay empatía hacia esa persona, no podré entenderla. Crearé muros, armaduras para que no me salpique su tristeza, su dolor, su sufrimiento, su rabia, su ira, ya que me recordarán todo aquello de lo que estoy huyendo.

Desde el miedo no puedo Amar, no puedo ser compasivo, ni conmigo ni con los que me rodean. Así nos movemos por la calle. Fíjate en tu reacción al ver a un mendigo, a un alcohólico, a una prostituta. ¿Qué sientes? La mayoría rechazo. Nos cambiamos de acera porque son el puro reflejo de aquello que nos tapamos, de aquello que etiquetamos como imperfección, como basura, como desahucio.

Es a nosotros a quienes nos estamos rechazando, no a ellos.

Es fácil aceptar que me da miedo hablar en público. Ahora, aceptar que tengo sentimientos de odio hacia mis padres, que ojalá mi amigo fracase para así yo no sentirme tan mal, que soy una inútil, que la envidia me corroe, que soy mejor que tú, que me doy asco cuando me miro al espejo, que los gays son unos enfermos y que la mujer que se acuesta con quién le da la gana es una guarra.., ya son palabras mayores.

Y no lo aceptamos, no nos aceptamos porque nos avergonzamos de nuestras sombras, porque no "deberíamos" sentir eso, porque es "malo", porque es pecado, cuando son sólo pensamientos automáticos. No son lo que Somos. Pero nos los creemos, nos los tragamos y nos pasamos la vida intentando extirparlos de nuestra mente, ocultarlos, dándoles toda nuestra energía, nuestra fuerza, castigándonos, machacándonos, juzgándonos, condenándonos, en lugar de observarlas, de abrazarlas para luego soltarlas, sin cederles nuestro poder ni nuestra identidad.

Sólo son voces deseando ser atendidas y entendidas, nada más.

No es lo que siento ni lo que pienso, es lo que me Creo que siento y pienso lo que me provoca ese miedo a esa supuesta oscuridad. Y es lo que hago con ello lo que me mantendrá atrapada en mi propia ilusión, en el sufrimiento, o lo que me permitirá de ella Despertar.

En el Cielo más oscuro es donde las estrellas brillan más. Si no abres tus ojos, jamás las podrás reconocer, disfrutar y gozar. Si no abres tus ojos a todo lo que se halla en ti, jamás podrás Ser, jamás te podrás Amar.

Tú decides.


Emma Vázquez. Regreso al Hogar

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